The Hudsucker Proxy – El Capra de los Coen

The Hudsucker Proxy Dir: Joel Coen – EEUU, 1994
Título español: El gran salto

En esta película los Coen Bros. no abandonan el ámbito temporal de sus dos anteriores trabajos (la América de los años 30-50), pero se alejan del tono un tanto lúgubre de Barton Fink para volver a la comedia. Aunque The Hudsucker Proxy tiene buenas dosis de humor negro, se trata esencialmente una historia optimista, y de hecho cualquier espectador veterano se dará cuenta de que es un homenaje al cine de Frank Capra. De hecho, a veces el guión copia tan fielmente al modelo original que parece estar usando una plantilla, siendo la insipiración más obvia el film de 1941 John Doe (Juan Nadie). El Gary Cooper de los Coen es Tim Robbins, que al igual que el mítico actor  da vida a un hombre de orígenes muy humildes.

Norville Barnes, el personaje de Robbins, es un joven procedente de un pueblo de la América profunda, que llega a Nueva York con el sueño de triunfar en la gran ciudad, como tantos otros. Aunque busca empleo decididamente, para casi todos los trabajos se exige experiencia previa, precisamente lo que menos tiene Norbert. Finalmente, la casualidad le llevará a obtener un puesto en las poderosas Industrias Hudsucker, pero tendrá que empezar desde lo más bajo, en la infernal planta de mensajería. Sin embargo, es un joven trabajador y entusiasta, y además tiene una idea genial. Si tan sólo alguien se parase a escucharla… Pero en la última planta del edificio esas pequeñeces importan muy poco: la empresa ha alcanzado su máximo de beneficios y sigue subiendo, todo va a pedir de boca. No obstante, ese mismo día la presidencia queda vacante de forma totalmente imprevista, y el desconcierto cunde entre los directivos, que pronto podrían perder el porcentaje mayoritario de las acciones. Pero Sidney Mussburger, el vicepresidente, idea un plan en el que Norbert va a tener un inesperado e importante lugar, y que podrá significar su ruina o su fortuna.

The Hudsucker Proxy (que podemos traducir literalmente como El apoderado de Hudsucker) funciona bien como comedia, gracias a su buen ritmo y a las situaciones y personajes chocantes que presenta. Es interesante la escena del departamento de mensajería, cuna caldera de estética sucia y caótica sumida en el frenesí, donde todo el mundo habla a gritos y el trabajo tiene que estar para ayer, sin ningún tiempo para la pausa o la razón (quizá este segmento es también un homenaje, en este caso a Metrópolis). Otra escena, en la que el nuevo producto de Hudsucker logra alcanzar con gran éxito a las masas, resulta francamente cómica. Por lo demás, como mencionaba antes, el tono es muy Capra: el protagonista es ingenuo y bondadoso, pero también corrompible, en parte por las malas influencias, en parte por la propia debilidad humana. Pero como en buena película capriana, existen segundas oportunidades, que llegan de la mano de personajes redentores o de intervenciones sobrenaturales (siguiendo fielmente el modelo imitado). Hay que destacar la buena factura técnica del film, con su interesante estética decó y su eficaz evocación de la época que representa (año 1959). Es un periodo histórico que ejerce una justa fascinación, y siempre agrada verlo bien recreado. En el apartado de efectos, están logradísimas las escenas que representan la caída al vacío desde lo alto de un rascacielos.

Las interpretaciones alcanzan un gran nivel: Robbins da vida con eficacia al ingenuo Barnes, y pese a contar con 35 años se logró que aparentara muchos menos. Huelga decir que la gran estrella del film es Paul Newman, intepretando al maquiavélico Pressburger, seguramente uno de los mejores papeles de su madurez. Newman parece pasárselo muy bien en esta rara oportunidad de interpretar a un «malo», usando una voz cascada y profunda como arma de caracterización. No obstante, hay que destacar muy especialmente a Jennifer Jason Leigh, que logra robar la película en su papel de avezada periodista que intuye que tras la historia de Barnes hay algo muy raro. Es un personaje casi idéntico al de Barbara Stanwick en John Doe, y que bebe de otras fuentes clásicas de la época, como la Lois Lane de Supermán. La interpretación de Jason Leigh resulta realmente encantadora, dotando a su personaje de un habla rapidísima que marca mucho su carácter y le imprime originalidad. Igual que me ocurrió al ver a Gabriel Byrne en Miller’s Crossing, tengo la impresión de que esta actriz ha sido algo desaprovechada por la industria americana.

Siguiendo con el reparto, los amantes del cine de serie B reconocerán instantaneamente a uno de los secundarios, Bruce Campbell – protagonista de la saga Evil Dead, de Sam Raimi-, una presencia poco habitual en films de alto perfil. La explicación es que uno de los autores del guión es el propio Raimi, que tiene a Campbell como actor fetiche, y pediría incluirlo en reparto. Aquí interpreta a uno de los compañeros de la periodista, un reportero socarrón y escéptico. También tienen pequeños papeles el estupendo John Mahoney -el padre de la serie Frasier– y los habituales de los Coen Steve Buscemi y Jon Polito (que aparece aproximadamente dos segundos). También tienen cameos el mencionado Raimi y John Goodman, aunque éste último debía estar tan camuflado que sólo me enteré al ver la lista del reparto. El último cameo digno de señalar es el de la malograda sex-symbol Anna-Nicole Smith, que ilumina la pantalla en su breve aparición.

La conclusión del la historia, sin ser tremendamente original, sí ofrece las suficientes sorpresas como para rematar satisfactoriamente el film, que puede calificarse de bastante más redondo que el anterior trabajo de los Coen, Barton Fink. Puesto que el tono general y la moraleja ya se los proporcionó Capra varias décadas antes, de Hudsucker Proxy quedan para el recuerdo la estética, la interpretación de Jason Leigh y los brillantes efectos mencionados. Recomendada a los fans del señor Capra y, más generalmente, del cine americano de mediados de siglo.
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