Festival de Eurovisión 2011: Avance

Ya tenemos a los 43 participantes de la presente edición: 38 semifinalistas y los 5 finalistas fijos, todos recopilados en esta maravillosa página con perfiles de cada uno de ellos y el videoclip de su canción en alta definición. Una forma maravillosa de desperdiciar la mañana en la ofi si no tienes capado el yutub. Vamos a realizar un recorrido más o menos detallado, en el que opinaré sobre los participantes que me gustan más y menos.

Tremendamente llamativas son las dos representanes eslovacas, gemelas para más señas. Su nombre artísitco es “Twiins”, muy originales ellas. Obviamente su gran baza es el físico, pero tras el impacto de las fotos iniciales, imágenes más detalladas nos han revelado que tienen más bien cara de viejunas. Su canción, I’m still alive, es una balada de lo más ñoña, y por lo que he visto prefieren interpretarla en playback, lo que no es muy buen signo sobre sus capacidades vocales (para cantar, quiero decir). Eso sí, tienen alguna posibilidad de llegar a la final por lo currado de su imagen y porque bueno, a los organizadores siempre les gusta que el público se ponga palote En esta web podéis conocerlas mejor.

Shock: El país ganador del año pasado, Alemania, repite representante, la zorrita Lena. Supongo que a nadie se le había ocurrido nunca mandar al ganador de vuelta, y como no hay ninguna regla que lo impida, los germanos le han echado cara (aunque matizo que fue votada mediante SMSs). La canción de este año se llama “Taken by a stranger” (“Follada por un extraño”), y tiene sin duda tintes autobiográficos. Aunque la chavala sigue estando muy bien, el tema es absolutamente inbailable, antifestivalero y carente de fuerza, por lo que el batacazo va a ser de órdago. Carne de Bottom 10. Lena, no debiste forzar, ya tuviste demasiada suerte el año pasado. Mejor vuelve al soft porn, que es sin duda tu terreno.

Estonia: Su representante tiene el exótico nombre de Getter Jaani, y su temita se llama Rockefeller Street. La chavala es mona, pero la canción resulta bastante olvidable y la coreografía es anodina (eso sí, mejor que la española). Una de tantas que se quedarán en el camino a la final.

Algunos países mandan tíos. Bosnia y Herzegovina, que hace dos años se presentó con un tema de lo más divertido a cargo del original Pokusaj, manda para 2011 un grupetto inclasificable encabezado por un tal Dino Merlin. Su tema,  Love in rewind, es una especie de canción de campamento que no hay por dónde coger. Merecen ser machacados vilmente por no cumplir ni el mínimo de excentricidad.

La participante bielorusa es una tal Anastasya Vinnikova, que a juzgar por la foto que han pasado a la prensa es bastante guapilla. Puede explotar esa estética estudiantil. Ha habido bastantes dudas con el nombre definitivo de la canción, que finalmente se llamará  I love Belarus y se cantará en inglés. Pero la verdad es que, se llame como se llame, el tema es una patata y la chavala se mueve con la gracia de un pato mareao. No chance. Lo curioso es que este país escogió a su representante por jurado y admitía a participantes de todo el mundo, pero esto es lo mejor que han encontrado. Pues vaya.

Israel ha dado el gran pelotazo, recuperando para esta edición 2011 nada menos que a la ganadora del año 1998, la transexual Dana International. Por cierto, hay que ver lo cutre que era el festival en los 90, ¡¡ahora mola mil veces más!! Así, quizá por primera vez en la historia, el concurso va a contar con dos ganadores de ediciones anteriores, Dana International y Lena. La cancioncilla, llamada Ding Dong, no es nada del otro mundo, pero tiene su gracia. Contando con que habrá una gran corriente de simpatía hacia Dana, por ser una trans que está muy bien y por el factor nostalgia, tiene ciertas opciones. Aunque yo habría mandado este otro tema, la verdad: está mucho mejor, y el vídeo no digamos.

En Hungría habrá buen material zorril por las calles, pero su representante de este año, Kati Wolf, es totalmente mediocre tanto en el aspecto físico como en el musical. Bueno, la canción es mejor que la española (se da por descontado), pero eso no quiere decir que vaya a lograr nada reseñable. A falta de ver la coreografía, lo tendrá muy difícil para entrar en la final.

Los franceses suelen enviar a representantes muy raros, que además casi siempre cantan en francés, lo que les resta posibilidades. Este año van un pasito más allá, y su representante cantará nada menos que en corso. El tipo es una especie de tenor guaperas llamado Amaury Vassili, y la diferencia con otras ediciones es que la canción, un himno lírico llamado Sognu, de hecho está bastante bien. En el espectacular escenario del Eurovision Song Contest puede quedar muy apañada. Lo que no me convence es esto del corso, que me parece una especie de italiano guarrindongo. Mi opinión es la misma que si nosotros mandáramos una canción en catalán o en gallego, me parecería una paletada.

En Croacia tenían que elegir entre dos opciones: una especie de Paquirrín barbudo o una semijamona rubia acompañada de bailarinas. Evidentemente, se impuso el sentido común y ganó la rubia, de nombre Daria Kinzer. La canción es bastante pachanguera (la del gordo ni me he molestado en escucharla), y lo único que llama la atención es su nombre, “Break a leg”. Rómpetela tú, no te jode.

Portugal, que el año pasado envió a una chavala muy apañada con una balada tipo Disney, presenta esta vez a unos representantes realmente originales: una especie de Village People mixtos bajo el nombre “Homens da luita”. Su canción se llama A luita é alegría, y reivindica algo, no sé muy bien qué, parece alguna mierda de izquierdas. De hecho, la organización del festival puso sus reservas al tema, y hubo una reunión para decidir si se les dejaba participar, ya que las reglas prohiben mensajes políticos en las canciones. Darán colorido, aunque la canción no tiene excesivo mérito, y encima son rojetes.

Armenia suele mandar pibones importantes, así que siempre es un país a seguir. El caso de este año ha sido curioso: primero escogieron a la representante, una tal Emmy (nombre tradicional armenio, supongo) y luego la hicieron cantar cuatro temas, de entre los cuales jurado y televidentes escogieron el ganador. Finalmente se quedaron con este Boom Boom, canción en la que destaca su complejo estribillo: “Boom, boom, chaka chaka”. Supongo que las otras tres no debían ser gran cosa. La chica tan sólo es mona , y la canción mediocre, así que me extrañaría que llegara a la final.

Rusia siempre queda en los puestos de arriba aquello de las afinidades nacionales (en la población europea hay un alto porcentaje de enia eslava), así que hay que tenerlos en cuenta por naces. Siguiendo con su tendencia reciente de mandar maromos, este año los representa un tal Alexey Vorobyov, con el temita Get you. Dicen que lo ha parido el compositor habitual de Lady Gaga, lo cual no quita para que sea una canción bastante floja (o precisamente por eso lo sea). Muy mal Rusia, para el año que viene queremos una rubia de 1’85 con un tema ultracañero. De todos modos, puede ser Top 10 con cierta facilidad.

La cancioncita española -ay- se entitula Que me quiten lo bailao, y está interpretada por una tal Lucía Pérez. A pesar de sus guitarreos iniciales, es sosa desde el principio. Muy uniforme y repetitiva, es casi imposible distinguir el cuerpo principal del estribillo, lo que la convierte en un caballo de un solo truco, y no muy bueno. Lo único que rompe su monotnía es un “parachuru churu churu” en la parte dentral que es para abrirle la cabeza al compositor. Y lo peor es que la canción… ¡¡no le gusta ni a su intérprete!! Respecto a la coreografía, España comete siempre el mismo error: llevar una cosa absolutamente anticuada, tipo programa de José Luis Moreno, con cuatro niños y niñas monas revoloteando alrededor del artista sin ningún tipo de originalidad ni sorpresa. Se creen que aún estamos en 1987. Físicamente, la chica es anodina y se mueve con poquísima gracia. El uso de vulgarismos como “disfrutao” y “bailao” ponen el remate final del asunto. Pero venga, como la habrán «votao» todos los de su pueblo, la mandamos a Eurovisión. Lástima que entremos en la final directamente; espero que quede entre las cinco últimas (tampoco es que nos falte costumbre).


Nina, de Serbia. ¿Ganadora con la magia de Caroban?

Llegamos a uno de los platos fuertes: la representante polaca, Magdalena Tul, es una morena de rompe y rasga absolutamente devorable, que se presenta con el tema Jestem. Por si estaba poco buena, le han puesto detrás a unas cuantas para hacerle la coreografía que lo están igual o más. Eso es lo que yo llamo no dejar cabos sueltos. También hay por ahí tres maromos, pero bah. La canción tan sólo es competente, pese a lo cual debería entrar en la final fácilmente, e incluso quedar en un buen puesto.

Noruega ha mandado a una representante perteneciente a su minoría negra, una tal Stella Mwangi, a la que describiría como la hija bastarda de Diana Ross y Boney M. Decir que su canción -titulada Haba Haba– y su estética son horteras es quedarse muy corto, y además no pegan nada con la idiosincrasia noruega. Esta canción parece más que la hubiera presentado Zimbaue o algún sitio así, y es sólo apta para sonar en coches de choque. La tía incluso está buena, pero teniendo en cuenta que Noruega ganó hace sólo dos años con el temazo de Alexander Rybak, debería darles vergüenza presentar esto, coño.

Turquía se presenta con unos rockeros blandengues, un pecado capital, sobre todo tras la meritoria participación del año pasado con el grupo Manga. El destino normal de estos tales Yüksek Sadakat sería su fulminación inapalable, pero quizá los votos provenientes de Alemania los lleven a la final. Espero que no.

Albania manda una tía y una canción rara de cojones, Aurela Gaçe con Feel The Passion. Lo que más se recordará de ella seguramente sean los pelos. Hombre, la canción es original y eso, pero no sé si bastará para pasar a la final, sobre todo tratándose de un país tan marginal. Se agradece el intento de hacer algo distinto, en todo caso.

Serbia envía una representante a tener muy en cuenta: Nina (¡no la española!), con el tema Caroban. La chavala está bastante bien (con un aire a María Adánez pero con voz de soul), y se presenta con una buena canción y una estética muy conseguida, deudora de la televisión de los 60. Especial atención al bailecito de las chavalas de los coros y a los dos fulanos que tocan los instrumentos. Es la canción que más me convence de las que he oído, a ver qué tal le sale en directo. Hay una versión en inglés que está bien y que puede aumentar sus posibilidades.

Suiza presenta a una tal Anna Rossinelli a dar el coñazo durante tres minutos, tras lo cual espero sea piadosamente eliminada.

Georgia, ese país conocido por tener guerras con Rusia, envía a Eldine, que no sé si es una tía o un grupo. La canción y el estilismo de la chica tienen cierto mérito, pero si los eliminan no creo que se derramen demasiadas lágrimas.

Ucrania: Lo mínimo que le pedimos siempre es que manden a un bombonazo, pero este año nos decepcionan con una semi-maciza llamada Mika Newton (apellido tradicional ucraniano) y el tema Angel, que has olvidado incluso antes de que termine. Podría haber sido perfectamente la canción española.

Irlanda se presenta como alternativa a las gemelas eslovacas, mandando a su propia pareja de hermanos idénticos, con la diferencia de que estos son tíos y maricones. Aunque tienen cierta originalidad, este dúo llamado Jedward es en general tan horrendo que espero que se queden en la semifinal para  evitar tener que soportarlos dos veces. Otra alternativa es que los fusilen en la frontera.

Conclusiones: Una edición con un nivel musical bastante inferior a la de los últimos años, con pocos temas que valgan algo. El francesito puede quedar arriba, y la serbia Nina debería ser de las primeras aunque sea por incomparecencia de los rivales. De todos modos, una edición bastante imprevisible en cuanto al ranking, a excepción de Rusia, que siempre acaba de los primeros. He dejado fuera deliberadamente a algunos participantes como los ingleses o los griegos, por aburridos. En cuanto a jamonas, lo dicho: las eslovacas (aunque son un poco bluff), Dana Internésional, Lena (pero está repe) y muy especialmente la polaca. Esperemos que los temas luzcan más en el siempre vistoso espectáculo en directo, y que España quede última, a ver si mandamos a un músico de verdad como Guille Milkiway y tenemos por fin alguna opción.
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Wong Kar Wai: Las dos primeras películas

Wong Kar Wai, director chino afincado en Hong Kong, ha logrado una gran notoriedad en los últimos años, especialmente a raíz de títulos como In the mood for love y Happy together. Se le atribuye una gran maestría como narrador historias de amor melancólicas y de gran atractivo visual. Aunque saltó al primer plano a finales de los 90, su carrera arranca una década antes. Concretamente, su primer film es…


Joer, qué duros somos…

Wong gok ka moon. China-Hong Kong. Dir: Wong Kar Wai, 1988

Título español: El fluir de las lágrimas – Título internacional: As tears go by

La historia de esta película es realmente muy simple. Wah es un mafioso de Hong Kong más bien de poca monta: ocupa un lugar intermedio en la jerarquía de su triada, teniendo por encima a un capo y por debajo a un «hermano pequeño». Su especialidad son los cobros, labor para la que está especialmente dotado por ser un tipo duro, que no rehuye la violencia cuando la considera necesaria, arresgando la vida a menudo. Su rutina se rompe cuando recibe la llamada de su tía, quien le avisa de que va a mandarle a su prima veinteañera, Ngor, que debe visitar a un doctor a la ciudad. La primita, a quien Wah acoge con desgana en su desastroso apartamento, supone con su inocencia y serenidad todo un contraste con el mundo más bien sórdido en el que el joven suele moverse. El papel de Ngoe está interpretado por Maggie Cheung, que encaja muy bien en el personaje gracias a su belleza discreta y algo aniñada (aunque aún no sabía depilarse las cejas).

Pese a tener a su prima en casa, Wah sigue con su poco edificante vida: su novieta aborta un hijo suyo porque él se niega a comprometerse, y su «hermano pequeño», apodado Fly, le mete en contantes líos debido a su chulería y poca aptitud para el peligroso negocio de los cobros. Sin embargo, ahora Wah tiene  esperándole en casa a alguien que le demuestra cierto cariño, viendo por primera vez un atisbo de lo que puede ser la vida en pareja. Pese a ello, no llega a ocurrir nada entre los primos: cuando Ngor termina su tratamiento regresa a su Kowloon natal, aunque dándole a entender a su primo que pensará en él. Pero la vida del joven se seguirá complicando, sobre todo por el afán de proteger a un Fly cada vez más desnortado.

El tema central de As tears goes by es muy típico de las películas de mafia, el del matón que se plantea abandonar el hampa pero encuentra grandes dificultades para ello debido a que no conoce otro mundo y a los fuertes lazos con sus compinches. Wong Kar Wai lleva la historia con razonable agrado para el espectador, aunque sin llegar a romper moldes en ningún momento. La fotografía hace un uso interesante del color -algo que va a ser una constante en la obra del director- pero en este título no se alcanza la excelencia visual: la fotografía tiene un aspecto algo granulado, y la composición no pasa de meritoria. Aunque resulta difícil juzgar una película hablada en cantonés, el trabajo interpretativo me parece adecuado, con Andy Lau representando a su personaje con carisma. Seguramente la parte más decepcionante del film es su desenlace, más bien poco arriesgado. La escala de valores del protagonista es como poco cuestionable, qudando como un tipo más bien estúpido al que quizá no valdría la pena dedicarle una película. Con todo, resulta una buena obra de debut, con elementos bien logrados y que se sigue con cierto interés.

A Fei zheng chuan. China-Hong Kong. Dir: Wong Kar Wai, 1990

Título español: Días salvajes. Título internacional: Days of being wild


El protagonista de esta historia se llama York, o Yuddy según dónde lo mires, aunque creo que en la peli nunca se menciona (de hecho, tanto en este film como en As tears go by los personajes raramente se llaman por el nombre). Al igual que en la película anterior, tampoco se trata de un personaje ejemplar, pero esta vez no es un mafioso, sino directamente un vago sin oficio ni beneficio. Lo que sí tiene es una probada capacidad de seducción, y lo primero que hace en la película es presentarse en una tienda y seducir a la dependiente, de nuevo una cándida Maggie Cheung, ya más sofisticada que en el anterior film. Pese a la resistencia inicial, un par de frasecitas floridas provocan que la pobre muchacha no deje de pensar en él, hasta el punto de no poder conciliar el sueño. Sin embargo, una vez que consigue llevarla a su apartamento, el protagonista no vuelve a hacerle demasiado caso, aunque mantienen una especie de relación de poco compromiso. El patrón se repite con la siguiente conquista, una bailarina de club que también resulta fascinada por los encantos del joven, sustituyendo rápidamente a su anterior novieta. Él no sólo la tratará con bastante frialdad, sino que la utlizará para las tareas domésticas de su apartamento, como fregar el suelo. Se ve que en el Hong Kong de los 60 no estaba muy en boga el feminismo.

Nuestro protagonista es huérfano, y la única mujer que parece intersarle es su madre adoptiva, por la que siente una fascinación obvia, aunque comparten pocas escenas juntos. Ella conoce la identidad de la verdadera madre, una filipina acomodada, pero se niega a revelarla pese a la insistencia de York, por temor a perderlo. Quizá es el resentimiento de saberse un hijo rechazado lo que provoca la frialdad del joven con la mujeres, pero lo cierto es que este aspecto no se explora: de hecho, el protagonista permanecerá como un ser unidimensional toda la historia. Existen otros dos personajes masculinos a los que sí le importan las mujeres: El primero es Zeb, compinche de York, que se enamora rápidamente de la bailarina pero no consigue atraerla debido su falta de carisma, conformándose con ser su amigo. Zeb está interpretado por el mismo actor que hacía de Fly en la película anterior, Jackie Cheung, que al menos en esa época parecía especiaizado en papeles de amigo tontorrón. El otro personaje es Tide, un patrullero a pie que traba amistad con el personaje de Maggie Cheung, enamorándose de ella al poco, pero sin atreverse a decírselo. Este policía que sueña con ser marino está interpretado por Andy Lau, el protagonita de As tears go by, quien se reencuentra con su parteneire en ese film, aunque encarnando un personaje muy distinto.

El problema de Days of being wild es que nos muestra unas relaciones más bien de poca intensidad, sin hacer honor a su título. El protagonista pasa de sus zorritas y quiere que su mamá le mime, ellas se resignan y salen adelante como pueden, mientras que los otros dos tipos carecen de lo que hay que tener para hacerlas suyas. Ni hay grandes pasiones, momentos de gran intensidad, ni triángulos amorosos propiamente dichos: a York le es indiferente que Zeb pretenda a la bailarina, y mucho más que el policía esté enamorado de su otra chica, a la que ya ha desechado. Lo más tormentosos que vemos es alguna escena de reproche y celos. Los actores son guapos y lo hacen bien, pero el guión les da bastante poco con lo que trabajar. Destacar a Carina Lau, muy atractiva en su papel de la bailarina. La fotografía está firmada por Christopher Doyle, un australiano que ha trabajado con varios directores chinos, y sigue una línea parecida a la de As tears go by (aunque Doyle no trabajara en esa película), cuidando la composición cuidada y prestando atención al color. Nuevamente el aspecto visual se queda sólo en correcto, en parte por la imagen algo granulada típica del cine oriental de los 80. Por cierto, como he mencionado el film está ambientado treinta años antes, pero esto añade bastante poco a la atmósfera, y la historia podría haber transcurrido perfectamente en la época del rodaje. Una vez resuelta la trama, la película se cierra con una larga escena de un hombre que no ha aparecido hasta ese momento, al que vemos vestirse cuidadosamente en un apartamento desvencijado, aparentemente para salir a divertirse por la ciudad. Resulta que el actor en cuestión es Tony Leung, encarnando a un personaje de otra película del director que no se rodaría hasta años después (In the mood for love). Visto en perspectiva, esto puede parecer algo muy astuto, pero para quien desconozca los planes del director resulta totalmente desconcertante, y un pésimo cierre para un film que si algo necesita precisamente es concreción. En 1990 no había internet para consultar cuál demonios era el propósito de la escena.

En suma, una película correcta pero algo decepcionante, inferior a la ya modesta As tears go by. He podido leer en algunos foros que hay quien considera a ésta la primera «gran obra» de Wong Kar Wai, pero aconsejo que no se dejen engañar: la historia se mueve por terrenos más bien plácidos y tiene bastante poco impacto emocional y visual. En la próximas entregas veremos si el director hongkonés logró en años posteriores realizar trabajos más a la altura de su fama. ¡No se lo pierdan!
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Ciclo Hermanos Coen: Miller's Crossing

Miller’s Crossing – EEUU – Dir: Joel Coen, 1990
Título español: Muerte entre las flores

En su tercera película los Coen cambian nuevamente de registro, y esta vez también de  época, pasando a un género tan cultivado en el cine como los gangsters. No se trata en cualquier caso de un cambio drástico, pues existen dos  constantes en estos primeros tres trabajos: el elemento criminal y los personajes de una moralidad más o menos laxa. La acción se sitúa en una ciudad de nombre no mencionado (¿Chicago?) durante la década de los 20, y el personaje principal es Tom Reagan, el lacayo más destacado del amo de la ciudad, el mafioso irlandés Leo. Tom es un verdadero golfo: ludópata, bebedor, mujeriego… pero al mismo tiempo tiene buena cabeza, una fidelidad inquebrantable a su jefe y la regla de salir siempre solo de sus problemas. Son estas virtudes las hacen que Leo aprecie tanto a Tom y siga puntualmente sus consejos, logrando un apacible equilibrio en la ciudad: todo el mundo realiza tranquilamente sus negocios de venta de alcohol, juego y similares, con la aquiescencia del alcalde y el jefe de policía, asalariados de Leo.

Pero este equilibrio se encuentra en peligro: Johnny Caspar, un capo de ascendencia italiana, está tremendamente indignado con Bernie Bernbaum, un corredor de apuestas que está filtrando información sobre los combates que Caspar amaña, con la consiguiente pérdida de dinero. Para Caspar es una situación intolerablem y por ello le exige a Leo, como jefe de todos los capos, la cabeza de Bernie. Pero hay un problema: el ya maduro Leo está encaprichado de una damita llamada Verna, quien casualmente es la hermana de Bernie, y asesinarlo le granjearía su odio eterno. La negativa de Leo hace montar en cólera a Caspar, quien jura poner orden por su cuenta. Tom advierte a Leo del error que está cometiendo, pues salvar a un timador de poca monta no compensa el riesgo de empezar una guerra de bandas, y además Verna no es tan santa como parece, cosa que él sabe mejor que nadie. De poco servirá el consejo, y enseguida las cosas empezarán a complicarse terriblemente tanto en la ciudad como en la vida de Tom.

Para ser una película de mafia e intriga, Miller’s Crossing no tiene un argumento especialmente elaborado, y aunque el guión guarda algunas sopresas, no contiene grandes golpes de efecto. No quiero decir que la historia sea aburrida; al contrario se sigue con interés y agrado, pero los hermanos prefieren de nuevo poner el foco en las grandes personalidades que la pueblan: el gangster estoico que lo hace todo solo y a su manera, la bella dividida entre el amor y el instinto de supervivencia, el jefecillo venido a más que ahora quiere ser un pez gordo, el miserable que sólo piensa en lo que puede sacar de los demás, incluso aunque les deba la la vida, o las cómicas autoridades locales, meros testigos de la lucha por el poder.

En el reparto hay que destacar especialmente a Gabriel Byrne como Tom, haciendo gala de una gran presencia cinematográfica. Pese a haber trabajado bastante en las dos últimas décadas, no puedo evitar la sensación de que este actor irlandés ha sido algo desaprovechado.En el papel de Verna brilla también  Marcia Gay Harden, quien gracias a su gran belleza y elegancia encaja perfectamente en el estereotipo de mujer fatal.  Se trata también de una actriz de amplia trayectoria que ha permanecido en segundo plano. El que no dejó de aumentar su fama a partir esta película fue John Turturro, quien con su gestualidad y su físico peculiar le sacó partido al papel de Bernie, el timador sin escrúpulos. Los Coen quedaron tan contentos con su trabajo que recurrieron repetidamente a él en sus siguientes proyectos. Destacable también el trabajo de Jon Polito, que disfruta como el histriónico Johnny Caspar, y el del británico Albert Finney, que dispone de una escena estupenda en la que tiene que despachar personalmente a unos matones que tratan de liquidarlo. Mencionar por último a Steve Buscemi en una breve aparición y a Frances Mc Dormand, que gracias a su cameo es la única intérprete que sale en las tres primeras películas de los Coen.

El trabajo de cámara es más conservador que en los dos films anteriores, algo normal al ser una película con una concepción más clásica. La ambientación está muy lograda, y aunque hay pocas escenas con grandes escenarios o rodadas en exteriores, se aprecia un gran cuidado en reflejar adecuadamente la época. Nuevamente, un trabajo meticuloso de los hermanos en el aspecto formal. Miller’s Crossing recibió una gran acogida crítica en su día, y algunos la consideraron injustamente potergada en la entrega de los Oscars. Sin embargo creo que esto se exageró un poco, ya que pese a ser un film cuidado y muy estimable, me parece menos brillante dentro de su género que las dos películas anteriores de los Coen. Claro que ese fue un año muy extraño en los Oscars, alzándose como mejor película Bailando con lobos y siendo premiados actores tan frikis como Kathy Bates, Joe Pesci y Whoopy Goldberg. Sin duda cualquiera de los actores de Miller’s Crossing habría sido igualmente merecedor de la estatuilla. Como curiosidad, decir que Joel Coen se llevó la concha de plata al mejor director en nuestro poco lustroso Festival de San Sebastián. Lo que ya nadie pudo quitarle a los hermanos fue su reconocimiento como los cineastas independientes más destacados del momento.
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Ciclo Hermanos Coen: Raising Arizona

Raising Arizona (Título español: Arizona Baby) – Dir: Joel Coen – EEUU, 1986

En su segundo trabajo, los Coen no abandonan el sur de los EEUU, y pasan de Tejas a -¿lo adivinan?- el estado de Arizona. Lo que sí cambia es el registro de la película, y el género negro de Blood Simple da paso a lo que podríamos denominar comedia criminal. El protagonista es un Nicky Cage de apenas 23 añitos y aún haciéndose un nombre, que interpreta a H.I. McDonough, «Hi» para los amigos. Hi, personaje que ejerce de narrador, detalla al principio del film sus constantes entradas y salidas de prisión en clave cómica. Producciones como Me llamo Earl beben directamente de este estilo que desdramatiza los crímenes no sangrientos. A lo largo de sus numerosas detenciones y encierros, Hi va enamorándose de la agente encargada de hacerle la ficha policial, Edwina -alias Ed-, encarnada por Holly Hunter. Cansado de su errática vida, Hi propone matrimonio a Ed, y así empieza lo que él describe como la época más feliz de su vida, a la que sólo le falta el broche de tener descendencia. Sin embargo, la pareja pronto descubre que sufre problemas de fertilidad, y para empeorarlo sus peticiones de adopción son rechazadas por el pasado de Hi. Cuando ven en la televisión que un vendedor de muebles local, Nathan Arizona, acaba de tener nada menos que quintillizos, deciden que es injusto que unos tengan tanto y otros nada.

Con este película los Coen demuestran, tres años después de su debut, que se mueven tan bien en la comedia como en géneros más oscuros. La historia es bastante divertida, y se apoya principalmente en unos personajes muy pintorescos, tanto principales como secundarios. De hecho, no hay una sola persona  en la película que no tenga alguna peculiaridad o forma extraña de comportarse. Cage se desenvuelve bien en el papel principal, y Holly Hunter encaja muy bien en el papel de mujer buena pero obsesionada con la maternidad. Aunque nunca ha sido una belleza, con 29 años y antes de sacarse brazos de tío en el gimnasio era casi mona. Ambos actores utilizan en toda la película un marcado acento sureño.

Entre los secundarios destaca Trey Wilson como Nathan Arizona, el sureño de pura cepa que jamás pierde la perspectiva comercial, y John Goodman, encarnando a un preso que acaba de fugarse con su compinche del antiguo penal de Hi. Lo más curioso de esta pareja es que, pese a ser dos delincuentes haraganes, beodos y desastrosos, suelen emplear un lenguaje muy culto y circunspecto, lo cual consigue un contraste bastante gracioso. Menos divertida es una escena en la que ambos se percatan de haber olvidado algo muy importante y se ponen a dar alaridos a todo volumen durante un buen rato. Es un recurso que he visto posteriormente en muchos sitios y está más que trillado, pero me parece que ni en 1987 tenía gracia. Ésta sería la primera de muchas colaboraciones de Goodman con los Coen. Los hermanos, dos tipos fieles a sus actores, rescatan de su primera película a M. Emmet Walsh y a Frances Mc Dormand, con papeles chiquititos pero de cierta enjundia. Pero sin duda el personaje más memorable  es Leonard Small, un cazarecompensas motero cuya estética está tomada directamente de Mad Max. Pese a ser un personaje con una parte cómica, sus apariciones crean una atmósfera ominosa muy lograda, y son quizá lo más interesante de la película.  Small está interpretado por Randall Cobb, antiguo boxeador que saca el máximo partido a su físico en su trabajo como actor.


Como para bromear con él.

Hay que destacar el trabajo de cámara: si en Blood Simple ya podían verse algunos planos bastante creativos, en Raising Arizona se juega constanstemente con la perspectiva del espectador. Parece que a los Coen -o a su director de fotografía Barry Sonnenfeld- les gusta particulamente mover la cámara a ras de suelo. Es un punto de vista peculiar, que no obstante depara imágenes muy interesantes y dota a la película de un estilo característico.  Aparte de los movimientos de cámara, la fotografía en sí vuelve a destacar, con planos bien construidos y muy plásticos, que aprovechan bien el colorido entorno del sur estadounidense. Sonnenfeld, como sabrán los más cineros, pasó más tarde a dirigir sus propias películas, firmando las dos partes de La familia Addams y de Men in Black.

Raising Arizona, es, en resumen, una comedia sólida y bien lograda, que pese a algún defecto perdonable hace pasar un rato divertido, ofreciendo al tiempo un pintoresco retrato del sur de los EEUU y los personajes que lo pueblan, pasado obviamente por la lente deformante e irónica de los hermanos.
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Ciclo Hermanos Coen – Blood Simple

Blood Simple – Dir: Joel Coen – EEUU, 1984

Como estoy un poco hasta el gorro de escribir sobre pelis de Drácula, voy a hacer un paréntesis hablando de un tipo de cine más «culto». Concretamente, trataré de visionar toda la obra de los Coen, esos dos cineastas a los que podríamos llamar «los reyes del cine independiente». Joel y Ethan Coen son dos hermanos de origen judío nacidos en Nueva York, que firman películas conjuntamente en un equipo muy compacto. Joel se encarga de la dirección y Ethan ejerce de productor, mientras que los guiones suelen correr a cuenta de ambos. En cualquier caso parece que durante los rodajes estas fronteras se desdibujan y que ambos tienen una visión casi idéntica de cómo debe realizarse el film. A mí estas parejas de hermanos casi siameses me resultan un pelín siniestras, pero bueno, ellos sabrán. En este ciclo trataremos de analizar en profundidad su obra y ver si su reputación corresponde a lo que ofrecen artísticamente.

Su primer largometraje fue Blood Simple, realizado en 1984. La acción transcurre en Tejas, y arranca con una premisa muy sencilla: Abbyestá casada con Marty, el dueño de un club local. Él es un hombre algo tosco y extremadamente posesivo – se define a sí mismo como «anal»- y por ello la relación entre ambos está muy deteriorada. Cuando Ray, empleado del bar de Marty, le confiesa a Abby que ella siempre le ha gustado, las cosas caen por su propio peso. Los escarceos de la pareja llegan muy pronto a oídos de Marty, que había encargado a un orondo y no muy escrupuloso detective seguir a su mujer. Loco de celos, el marido engañado tiene muy claro que lo único que puede satisfacerle es el asesinato de los amantes. Para llevarlo a cabo recurre de nuevo al detective, confiando en que cumplirá el sucio encargo sin problemas a cambio de una generosa suma. Pero el aparentemente simple sabueso es más astuto de lo que parece.

Con este punto de partida, y usando apenas cinco personajes, se desarrolla una intriga muy efectiva. Los integrantes de la historia no están dotados de una especial profundidad, pero están bastante bien dibujados y resulta interesante ver sus interacciones. La trama funciona gracias a la información que el espectador conoce pero ellos ignoran: uno sabe que hay un asesinato, pero no quién es el autor; el asesino ignora que ha dejado una prueba que lo incrimina; otro ni siquiera sabe que hay un asesino suelto, y cuando lo descubre éste ya ha salido a su caza. Aparte de los giros del guión, también logra crearse tensión y sorpresa gracias a algunas secuencias muy bien planificadas.


«¡Oye, que yo no he hecho nada!»

Hay que destacar que, pese a tratarse de una opera prima y del limitado presupuesto, la película tiene una notable factura visual. Aunque los escenarios distan mucho de ser glamurosos, se les logra sacar un buen rendimiento mediante la puesta en escena. Los movimientos de cámara resultan también bastante creativos, y se nota cierta inquietud por no rodar de forma convencional. El trabajo interpretativo es muy correcto, destacando probablemente M. Emmet Walsh en el papel del detective, el personaje más pintoresco del film. Reseñable también el trabajo de Frances McDormand, a la que seguramente no escogieron por su atractivo físico, aunque su papel no lo requiere realmente. Los hermanos debieron quedar muy contentos con su trabajo, ya que la utilizaron en muchas de sus posteriores películas (claro que la cosa tiene truco, ya que Mc Dormand es la esposa del director, Joel Coen).La labor actoral es facilitada por unos buenos diálogos, y hay algunos momentos especialmente logrados; es un aspecto que ha dado celebridad a los hermanos en sus películas posteriores.

Aunque Blood Simple no es una película tremendamente ambiciosa, funciona muy bien dentro de su género y de sus propósitos, y es un producto con buen acabado. Podemos considerar a los hermanos cineastas artesanos, que ponen el peso de la película en el guión y en la creación de buenos planos, evitando trucos fáciles como las escenas de acción aparatosas o una excesiva recarga argumental. Quizá se le pueden reprochar al film algunas imágenes de violencia muy gráfica, recurso que en ocasiones impacta sin ofender y en otras sin embargo no resulta muy agradable. Seguramente éste sea el único aspecto de la película en que los Coen se entregan al efectismo. En definitiva, un primer trabajo muy interesante y de visionado agradable, especialmente recomendable para los que sientan curiosidad por conocer  los comienzos de los famosos hermanos.

El Drácula de la Hammer


Dracula – Dir: Terence Fisher – Reino Unido, 1958

Después de las dos modestas producciones de la Universal sobre los «hijos de Drácula», el conde no volvió a aparecer en un film de entidad hasta dos décadas después. En 1958 la productora británica Hammer decidió apostar nuevamente por el personaje, dándole un nuevo enfoque: se optaría por el cine espectáculo, con buenas dosis de acción y aventura, una exuberante fotografía en color y un no desdeñable componente erótico. El título del nuevo film sería simplemente Dracula, aunque en los EEUU se la conoce como Horror of Dracula, ya que curiosamente el clásico de Lugosi aún se exhibía en algunos cines en la época. El personaje titular sería interpretado por Christopher Lee, actor inglés que a sus 36 años contaba ya con una dilatada trayectoria. El de Drácula es el papel con el que más se le identifica, aunque curiosamente apenas tiene unas líneas de diálogo en todo el film.

A diferencia de la película de la Universal, esta vez es Jonathan Harker, y no Renfield, quien visita el castillo de Drácula, pero hay diferencias significativas respecto a la novela: Harker no va a venderle ninguna propiedad al conde, sino que va a trabajar para él como bibliotecario, y algo más importante: no acude allí ignorante de la naturaleza del aristócrata, sino plenamente consciente de su condición vampírica, y con la intención de eliminarlo en alianza con su mentor, el profesor Van Helsing. Como mencioné antes, el planteamiento de la Hammer está enfocado a la aventura, con Van Helsing y sus aliados como héroes y Drácula como villano.

Otra desviación respecto a la novela es que toda la acción transcurre en Alemania (¿homenaje a Nosferatu?), y aunque el castillo del conde se encuentra en unas apartadas montañas, es posible llegar hasta la civilización en el mismo día usando un coche de caballos. Esto resta algo de escala a la historia, pero permite que la acción se desarrolle de forma más dinámica. El castillo está lejos de la decadencia descrita por Stoker, sino que se encuentra en esplendor, y el conde no es un personaje decrépito sino joven y vigoroso. Muy pronto hace aparición una «novia de Drácula», una morenaza de escote más que generoso que asegura estar prisionera del conde, pidiéndole ayuda a Harker. De hecho, todas las mujeres que aparecen en estos films de la Hammer son muy atractivas y de curvas pronunciadas, algo que sin duda agradece el público masculino.

Tras los hechos acaecidos en el castillo arranca la segunda parte de la película, donde se producen nuevas desviaciones respecto a la novela. Como en otras películas, los nombres y los parentescos de los personajes un baile, y Mina se convierte la esposa de Arthur Holmwood, mientras que Lucy pasa a ser hermana de Arthur. También es la prometida de Jonathan, y se haya esperando su regreso. El Dr. Seward, por su parte, no es más que el médico de la familia, y no hay mención ni al sanatorio mental ni al comemoscas Renfield (¡por fin!). Arthur está interpretado por Alfred Gough, gran veterano del cine al que es fácil recordar en tiempos recientes como el mayordomo de las tres primeras películas de Batman. Mina por su parte está encarnada por la bella actriz rubia Melissa Stribling. Cuando Van Helsing se presenta en la residencia de los Holmwood para traer noticias de Jonathan, Lucy ya se encuentra enferma, mostrando los mismos síntomas que sufre en la novela (palidez, debilidad…). El profesor comprende enseguida lo que ocurre, y da órdenes de cerrar su habitación por las noches y colocar flores abundantes de ajo en la misma.

Van Helsing reclutará a Arthur para luchar contra los vampiros, y aunque éste al principio se niega a creer en ellos, no tiene más remedio que hacerlo cuando ve los estragos que provocan con sus propios ojos. El profesor es más joven y enérgico que en la novela, y no duda en emprender una vertiginosa persecución a pie o entablar combate personal cuando es necesario. El de Van Helsing fue uno de los papeles más emblemáticos del legendario Peter Cushing, y lo volvería a encarnar en varias películas. Su interpretación es muy solvente, dotando al gran personaje de gran resolución y autoridad. Christopher Lee apenas habla y aporta principalmente presencia, lo cual no impedió que interpretara al personaje en varias películas, algunas mucho más fieles al original, como veremos en artículos posteriores. Su atavío es muy parecido al de Lugosi, vistiendo capa y ropa de etiqueta. Un elemento de la novela que aparece por primera vez en pantalla es el fonógrafo que usaba el Dr. Seward para grabar su diario, y que en esta versión utiliza Van Helsing para hacer lo propio. También vemos una transfusión sanguínea para contrarrestar los efectos de las mordeduras vampíricas.

El guión reduce al máximo el número de acontecimientos y personajes del libro, y aunque es menos teatral que la versión de Lugosi no es mucho más fiel argumentalmente. Lo que no se puede negar es que el director, Terence Fisher, imprime un ritmo muy vivaz a la película, la cual dura sólo una hora y 20 minutos, y le da un estilo visual muy definido y colorista. Así, aunque es un título para el gran público, se tratan de lograr buenos resultados artísticos. Añadir que, siendo este el primer Drácula inglés, resulta un aliciente disfrutar la interpretación de buenos actores británicos y de sus musicales acentos.

En esta versión de la historia se refuerzan algunos aspectos de la mitología vampírica, mientras que otros pirden importancia: por ejemplo, los vampiros no son capaces de transformarse en ningún animal ni de volar (aunque sí conservan su enorme fuerza). Sin embargo, los artefactos religiosos tienen más eficacia que nunca: el crucifijo no sólo repele a las personas vampirizadas, sino que les quema la piel al menor contacto. Ni siquiera es necesario tener un crucifijo propiamente dicho: cruzar dos palos en forma de cruz bastará para rechazar al vampiro. Esto resulta un curioso contraste con la versión de Coppola filmada en los 90, en la que Drácula muestra bastante resistencia a los objetos de la liturgia por haber servido al Dios cristiano en vida. La luz del sol es la mayor debilidad de los no-muertos en esta versión, y al igual que ocurría en Nosferatu y El hijo de Drácula,  resulta letal para ellos.

Al final de la película podemos ver un emocionante duelo entre Van Helsing y el conde, que si bien apenas tiene nada que ver con el clímax de la novela, sí que recupera la idea de terminarla historia con una escena de acción y persecución. Esta versión del 58 tuvo mucho éxito de público, y aún hoy es recordada con todo merecimiento entre los seguidores del fantástico. Por su originalidad y atractivo estético supone un gran aporte al mito, y no dudo en recomendar su visionado.


The brides of Dracula – Terence Fisher – Reino Unido, 1960

La secuela llegó poco después. Fisher y la Hammer, al igual que la Universal, no usaron ninguna triquiñuela argumental para resucitar al conde, así que Christopher Lee no participó en este film, según se dice porque habrían tenido que pagarle demasiado. Así pues, el nombre «Drácula» tan sólo sirve de reclamo en esta entrega, y el conde se menciona sólo de pasada. La historia es simple pero distraída: Una encantadora señorita de nacionalidad francesa, Marianne, es contratada para dar clases en un internado femenino alemán. Antes de lllegar se ve obligada a hacer noche en un castillo señorial, propiedad de una anciana baronesa que la acoge amablemente pero que parece presa de una enorme preocupación. Pronto Marianne descubre el motivo de su pesar: la señora tiene un hijo, pero debido a una terrible enfermedad se ve obligada a tenerlo prisionero en una apartada ala del castillo. Por azar, la joven acaba encontrándose con el desgraciado hijo de la baronesa, quien le asegura que no tiene ninguna enfermedad y le ruega que lo deje libre. Como Marianne lo encuentra sincero, empieza a dudar y a preguntarse cuál será la decisión correcta.

Unas escenas después aparece la estrellota del film, Peter Cushing, que reedita su papel de Abraham Van Helsing para alegría de sus seguidores. En cuanto aparece en escena, encontrando a Marianne inconsciente a las afueras del castillo, sabemos que la cosa empieza en serio. La razón de su estancia en el pueblo es la repentina muerte de una  joven, cuyo cadáver ha aparecido totalmente blanquecino y (sorpresa) con dos pequeñas marcas en el cuello. Van Helsing confirma al sacerdote local, que es quien le ha llamado, que están enfrentándose a un vampiro, concretamente a una de las víctimas de Drácula, que extienden su culto «de forma infinitamente lenta, pero imparable». El erudito acompañará a Marianne a presentarse al internado, lleno de jóvenes y hermosas damitas, y a continuación empezará su caza del vampiro, empezando por la desdichada joven muerta, que pronto despertará de su sueño. Pero el peligro no ha hecho más que comenzar, y en seguida se descubrirá que todas las chicas del internado están en peligro. Además, Marianne sorprenderá a todos anunciando que se ha comprometido con cierto joven.

Van Helsing action!

El argumento de la película es poco menos que una excusa para mostrar a jovencitas vampirizadas en ropa de cama, a un vampiro maloso y sobre todo a Van Helsing haciendo sus cosas. De nuevo el metraje es reducido y la historia se desarrolla rápido, con varias escenas de acción. La actriz francesa que interpreta a Marianne, Yvonne Morlaur, es una chica muy guapa, de rasgos llamativos y buenas curvas, cumpliendo plenamente los requisitos del «modelo Hammer», y aunque su acento afrancesado da un poco el cante hace un trabajo muy digno. Cushing, por supuesto, está enorme, y sólo por interpretación vale la pena ver la peli. Entre sus escenas destaca una de gran impacto, en la que Van Helsing nos descubre un nuevo método para sanar la mordedura de un vampiro. También se introduce una nueva forma de acabar con estas criaturas, aparte de la tradicional de la estaca: quemarlos por completo. Curiosamente, se cambia la doctrina de la primera peli respecto a las transformaciones, y el profesor asegura esta vez que «algunos vampiros pueden convertirse en murciélagos». Supongo que es lo que la gente espera, ver murciálagos en películas de vampiros. El único actor que chirría un poco es David Peel como el barón vampirizado, demasiado rubio y blando para resultar convincente, aunque tampoco distrae demasiado.

Las novias de Drácula es inferior a la primera película, pero pese a ello se deja ver perfectamente y conserva varias de las virtudes de su predecesor. Nuevamente destacan el color y la fotografía, reflejando con mucho acierto el ambiente de un pueblo alemán del siglo XIX, y ver a Cushing como Van Helsing siempre es un placer. Aunque se echa de menos el antagonismo con un enemigo más poderoso, no hay momentos de aburrimiento y todo fluye rápidamente, en ese estilo que tan bien se adaptaba a las sesiones matinales de los sábados. En suma, película muy entretenida y recomendada, igual que su antecesora.

La superestupidez ecologista

Nuestro mundo ha llegado a un estado tan absurdo e infantilizado que se ha llenado de adultos comportándose como niños y creando opinión a nivel mundial. Algunos incluso dirigen países. Un ejemplo paradigmáticos de este fenómeno es el pensamiento ecológico memo y su campaña propagandística a nivel mundial, ilustrada ejemplarmente por esta portentosa portada de Vanity Fair:

Esta cosa fue excretada en Mayo del año 2006. Vanity Fair una revistilla vacua pero con ínfulas, cruce entre el Interviú, el Fotogramas y el Hola, cuya portada siempre está ocupada por el alguna celebrity, de ahí lo de la «hoguera de las vanidades». Su especialidad son las famosas preñadas que posan en pelotas con su bombo, haciendo así algo muy audaz y transgresor, pero sin que se les vea el potorro. No hace mucho sacó también en portada a Miley Cyrus (Hannah Montana) tapada sólo con una sabanita, montándose un escándalo absolutamente artificial y subnormaloide. Resumiendo, un magazine para gente que piensa que Sandra Bullock o Jennifer Aniston son gente interesantísima. En el año 2006, en un brainstorming editorial, alguien debió decir: «¿qué es lo más in del momento?» Y alguien respondió: «Estamos destruyendo el mundo». «¡Mola! ¿Qué tal si hacemos un Número Verde (TM) sacando en la portada a un montón de Gente Buena para contarle al pueblo americano cómo podemos salvar el planeta de esos cerdos republicanos?» «¡Jodidamente brillante!» Dicho y hecho. Poco después se ponían delante del objetivo la ultramoña Julia Roberts, que desempolvó el traje de Campanilla que usó en Hook -ese engendro-; el crápula Yors Cluni, que ha anunciado desde trajes de Emidio Tucci a Martini, pasando por cafeteras monodosis, y que pensó «¿por qué no hacer también un anuncio de Cambio Climático?»; el borderliner Al Gore, que después de ser pateado en las elecciones del 2000 decidió vengarse del mundo metiéndose a redentor de saldo con su ciencia de todo a 100; y Robert Kennedy, que nadie sabe quién es ni le importa un pimiento, pero es un Kennedy, y por lo tanto es guay y moderno.

Y ahí están los cuatro, Julia vestida de Campanilla y los otros de Coronel Tapioca, tan buenos ellos, tan concienciados… joder, me siento un puto contaminador, voy a ir al infierno por apoyar la energía nuclear (porque es mala, ¿no? ¡Lo dicen en Los Simpson!). Lo que más mola son los titulares: Esta gentuza llama nada menos que a UNA NUEVA REVOLUCIÓN AMERICANA. Ou Yeah. Frirous de Maíz! Claro, la maruja o el oficinista que leen el Vanity Fair en la pelu o en la pausa de la comida miran la revista y dicen «¡Coño! ¡Hay que hacer una revolución!» Seguro que al día siguiente venden su cochazo ultracontaminante, dejan de tirar mierda por la calle o desinstalan el aire acondicionado de su casa. Think Green! O quizá escriban a su diputado (en América se hacen esas cosas) y le pidan aprobar alguna ley que deje bien jodido al empresariado local limitándole las emisiones contaminantes. Sí, esto último es bastante más probable, que lo otro es mu sacrificao.

Pero el titular de la izquierda es el que tiene más miga: Una amenaza más grave que el terrorismo. ¿Qué partes de Nueva York, Washington y otras ciudades americanas quedarán bajo las aguas? Lástima que no fuera la redacción de Vanity Fair, joder. ¿Se puede hacer un titular más falaz, sensacionalista y cretinoide? Es posible, pero no sé cómo. Obviamente, la base científica para el articulito la proporcionó Al Gore, que casualemente estrenaba su libelo Una verdad gilipollesca ese mismo año. Ya saben, esa peli de miedo que nos advierte de la extinción de los osos polares (población actualmente en máximos históricos) y de los miles y miles de refugiados que provocaría la subida del nivel del mar (aún estamos esperando), peli que gracias a los sociatas va a ponerse en los colegios para que los niños sean perfectos cretinos ecoagilipollados antes de cumplir los 12 años. Ni al Huxley se le ocurrió algo así, oye. A mí, que no soy yanki, me parece tremendamente sangrante que una revistucha cateta se permita despreciar a los muertos del terrorismo diciendo que la subnormalidad del calentamiento es más peligrosa; así que no consigo imaginar cómo se pudieron sentir al verla las víctimas o los familiares de cualquier fallecido en el 11-S, Irak, Afganistán…

Pero seguramente lo más maravilloso del «Green Issue» es que algún asesor de ZP vio la portada en cuestión, se la sopló al gran líder, ¡¡y el tío repitió el titular estrella como si fuera de su cosecha!! Sí, hombre, ¿no se acuerdan? Cumbre iberoamericana de Noviembre de ese mismo año. Habla Mr. Bean: «El cambio climático ha provocado ya más muertos que el terrorismo internacional». Luego se extiende: «La desertificación ha forzado ya el desplazamiento de 25 millones de personas y, en 2100, un tercio del planeta podría no ser cultivable. Siendo indiscutiblemente un enemigo terrible, el terrorismo internacional no es la única gran amenaza, ni tal vez la más grave». ¿Cuál es su fuente? ¿Y desde cuándo es necesario el «cambio climático» para que haya desertificación? ¿Este tío sabe lo que es la agricultura agresiva o la deforestación? ¿Sacó quizá los datos del articulito de la VF? ¡Oh, cuánto me gustaría tenerla! (y después de leerla limpiarme el culo con ella, ¡muy ecológico!)

El temita estaba causando sensación en aquella época, porque sólo un mes ante, Time Magazine había sacado su propio número ecoalarmista, al estilo portada negra del Sport, con una imagen clásica del género: el oso polar que se queda sin hielo para caminar y que se va a morir. Los titulares daban tanto miedo como los de Vanity Fair: Preocúpese. Preocúpese mucho. El calentamiento global no es un vago problema del futuro: ya está dañando el planeta a un ritmo alarmante. Vea cómo le afecta a usted, a sus hijos y a los hijos de sus hijos. También: Cómo India y China pueden ayudar a salvar el mundo… o a destruirlo. ¡¡Joder, si parece un puto magazine pulp!! Y casi un lustro después, estamos esperando a los efectos catastróficos. ¿Dónde está Lorenzo Milá cuando se le necesita? ¡Seguro que él ya los ha visto!

Pese a lo candente del tema, parece ser que con la catetada del Green Issue bajó la circulación de la Vanity Fair en unos 20.000 ejemplares: al oficinista y a la maru le importaban una mierda las pajas mentales de Gore, lo que querían saber era en qué posturas se lo montaban el Pitt y la Jolie (probablemente un tema más interesante). Sin embargo, VF, comprometida como es, decidió repetir la experiencia al año siguiente, con el «Green Issue 2007». Esta vez el prota era Leo diCaprio, que había ido a salvar el Polo… ¡¡en persona!! No eran tan «Madre Tierra» como el año anterior pero más o menos daba el pego. Quizá por copiar al Time, acompañaba al actor un osito polar que lo miraba embelesado desde el suelo y parecía decir: «¡gracias por salvarme!» Joder, en serio, ¿quién diseñó esto? ¿El guionista de los Teletubbies? Y el puto Di Caprio, ¿no tiene pudor? Prefiero ser considerado un violador de monjas que un eco-redentor apollardado. Los titulares, eso sí, eran algo decepcionantes: esta vez sólo estaba escaseando el agua potable, y se estaban empezando a fabricar los primeros deportivos eléctricos. Qué poco apocalíptico comparado con el hundimiento de Nueva York. Time también repetía en 2007, esta vez con… «¡la guía para sobrevivir al calentamiento global (TM)! 51 cosas que usted puede hacer.» En vez de oso tenían un pingüino, que también transmite la idea. Sin embargo el interés debía estar decayendo poco a poco, porque la portada de Vanity Fair del año siguiente fue aún más prosaica: Madonna sosteniendo el mundo en una variante de la pose de Atlas, con los titulares mucho más chiquititos que en años anteriores y muy poco sensacionalistas. Como si no fuera ya bastante soso poner a esta aburridísima mujer con ocho gigabytes de Photoshop encima para ocultar el hecho de que parece un jodido travelo con unos brazos repugnantes. Madonnita, menos lecciones, que eres puro artificio ramplón desde hace 30 años; vete a comprarte otro crío a África para entretenerte y deja de dar el coñazo, anda.

En fin, tras comprobar que el temita ya cansaba y que la gente tenía encima un problema auténtico como la crisis económica, Vanity Fair decidió que no habría un cuarto «número verde», alegando que la temática ya estaba presente en casi todos sus números. Claro que sí, hombre. Lo más gracioso es que al parecer esta revista se edita sin cumplir unos mínimos criterios ecológicos, y gasta una cantidad de papel y tinta brutal, muy superior al de otras cabeceras similares. Pero ahí los tíos pontificando, con dos cojones. Un portavoz de WWF (ecologistas capullos) lamentó la no continuidad de estos números, diciendo que la gente podría percibir lo verde como una moda pasajera. ¡Pero si es precisamente eso, melón!

Aunque son todos una panda de gilipollas, la verdad es que me preocupa que gente como Yors Cluni se apunte a patochadas de estas. La gente le ve ahí, tan guay, con tanta clase, dando tan bien en pantalla, y automáticamente piensa que cuando habla de algo sabe lo que dice. Sin embargo, no es más que un actor que no tiene por qué tener más cultura que la media, y de hecho todo indica que su visión del mundo está construida con el delgado armazón de tópicos progres que permite a tantos dormir con la conciencia tranquila pero sin la carga de tener que construir una verdadera mentalidad crítica, o quitarle tiempo a las fiestecitas para adquirir una cultura sólida. ¡¡Vete a cagar, Yors!! ¡¡Buenas noches y buena mierda!!

En fin, ya me estoy cansando de hablar de estos pazguatos, así que sólo os pido que os pareís un momento a reflexionar: ¿No os dais cuenta de cómo esas cosas que parecían tan gravísimas hace cuatro años, ahora parecen más bien risibles? ¿No resulta curiosísimo que hayamos pasado del «Calentamiento Global» al «Cambio Climático», y de ahí vayamos a pasar a los «Ciclos Solares» o lo que se les ocurra, ahora que ya han pasado el cazo? Tras la explosión de mierda del Climategate la cosa es cada vez más grotesca, por mucho que quieran persisitir en la estafa y el ridículo. E igual que ésta hay muchas falacias, amigos, en muchísimos ámbitos de la vida. Pensad, pensad por vosotros mismos, leed y sed perspicaces. Que no os engañen los brujos de la tribu.
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El Nosferatu de Herzog: Superando el modelo


Nosferatu, Phantom der Nacht – Werner Herzog – Alemania, 1979

Esta película de 1979 fue un proyecto verdaderamente audaz: El director Werner Herzog tomó uno de los clásicos más venerados del cine alemán para aprovechar los avances técnicos del momento y explorar las posibilidades del concepto creado por Murnau. La obra esta vez no se presentó como Una sinfonía de terror, sino como la historia de un Fantasma de la Noche. Herzog escogería como protagonistas a Klaus Kinsky, su actor fetiche, y a una Isabelle Adjani bellísima con tan sólo 24 años. La nueva película es muy respetuosa con el original y mantiene gran parte de su argumento y estética, empezando por la caracterización del protagonista, muy parecida a la de Max Schreck. Sin embargo, opino que la elección del actor principal no fue acertada, pues los rasgos de Kinski son demasiado amables, y el maquillaje no logra endurecerle la expresión ni darle un aspecto amenazador. La acción se mantiene en Alemania, donde la situó Murnau, pero se restituyen los nombres concebidos por Bram Stoker: el conde Orlok vuelve a ser Drácula y Hutter será Jonathan Harker, si bien su esposa no se llama Mina sino Lucy, por motivos que sólo Herzog debe saber. El nombre de Mina pasa a una amiga de la familia.

La película se abre con una secuencia realmente impactante, cuyo contenido no revelaré, ambientada con una música muy ominosa. Sin duda el mayor logro del film es la atmósfera creada, basculando entre momentos de gran quietud y lirismo y otros lúgrubres y desasosegadores. El estilo es sobrio y realista, con una paleta algo apagada, y la música se usa sólo en contados momentos, todo lo cual confiera al conjunto gran verosimilitud. Sin embargo, esto no quiere decir que el film sea visualmente vulgar: el hábil uso de la composición y la luz logra un buen número de planos atractivos e impactantes.

El trabajo de los actores resulta muy adecuado, destacando especialmente Isabelle Adjani, que gracias a su belleza y a la importancia de su papel resulta de lo más memorable de película.  Su personaje será el gran protagonista de la segunda parte de la historia. Van Helsing aparece mucho más tiempo en pantalla que en la versión de Murnau, pero está absolutamente alejado del personaje de Stoker y se muestra como un hombre conservador y débil, que no cree en la amenaza vampírica. Por ello es incapaz de combatirla de forma eficaz, y ha de observar impotente cómo las víctimas mortales aumentan a su alrededor. El personaje de Renfield también está presente, de nuevo como jefe de Harker, pero afortunadamente su papel es reducido.

Los paralelismos entre ambos Nosferatus no se limitan a la historia y la estética, y algunos planos de la versión moderna están directamente inspirados en otros de la muda, como la célebre imagen del vampiro espiando a la mujer de Harker desde la ventana. Esta escena, por cierto, está rodada en el mismo edificio de la primera versión, si no estoy equivocado. Al parecer, Herzog filmó la película tanto en alemán como en inglés, pero sólo he podido ver la primera versión; trataré de darle un vistazo a la inglesa, a ver cómo se desenvuelven los actores. Desde luego, la francesa Adjani hace un buen trabajo interpretando en alemán.

Aunque el film de Murnau sigue teniendo hoy día un gran reconocimiento y celebridad, pienso sinceramente que la nueva versión es superior. La narración es mucho más fluida gracias a las posibilidades técnicas de la época, las cuales enriquecen también otros aspectos de la obra: los diálogos, los efectos especiales, la música y la fotografía contribuyen a hacer una película más interesante y redonda. El único punto débil evidente es, como he mencionado, la caracterización de Kinski, que nunca llega a ser convincente. Decir que la resolución de la historia que se desvía de la concebida por Murnau, y resulta mucho más sorprendente e inquietante.

Aunque el estilo de Werner Herzog seguramente no da tan buenos resultados en otro tipo de películas, en el caso de su Nosferatu logra realzar y enriquecer la premisa original. Por ello, la recomiendo con viveza a los amantes del buen cine de terror y suspense, sobre todo si les interesa la leyenda de Drácula, y más aún si son fans de la versión muda.

Los hijos de Drácula

Dracula’s Daughter – Lambert Hillyer – EEUU, 1936

El Drácula de Bela Lugosi fue un gran éxito comercial, pero si se pretendían hacer secuelas tenía el problema de que su protagonista moría al final. Además, Bram Stoker no había escrito nada más sobre el personaje, así que a los productores no les quedaba más salida que inventar material nuevo. No obstante, la segunda película acabó llegando cinco años después, en 1936, con el título La hija de Drácula. Es llamativo el hecho de que, pese al lustro transcurrido, se trata de una secuela directísima: la historia arranca en el mismo momento en que terminaba el primer film, con Van Helsing clavándole el mondadientes a Drácula en el corazón. Resulta una agradable sorpresa comprobar que el profesor está nuevamente encarnado por Edward Van Sloan, que vuelve a realizar un muy buen trabajo. Por desgracia para el erudito, nada más consumar el vampiricidio aparece la policía, que interpreta la cosa como un asesinato y se lo lleva detenido.

Lo cierto es que ahí acaba cualquier continuidad con la primera película, porque Van Helsing llama a un psiquiatra amigo suyo para que salga en su defensa, ¡en vez de llamar a Harker, Mina o el doctor Seward, que han sido testigos directos de todo lo acontecido con Drácula! Tras este salto en la lógica, comienza el meollo de la historia: el ataúd del vampiro, guardado en la comisaría, desaparece misteriosamente, y poco después vemos que una señora de aspecto misterioso lo ha transportado al campo y está procediendo a quemarlo y despedirse del finado conde. Más tarde vemos al psiquiatra amigo de Van Helsing, el dr. Jeffrey Garth, en una fiesta de sociedad en Londres, donde le presentan a una dama que es la misma que quemó al ataúd: es una noble húngara que acaba de establecerse en la ciudad, la condesa Zaleska, que invita al dr. a visitarla en su residencia, pues piensa que sus conocimientos de psiquiatría pueden serle de mucha ayuda.

La aparición de un hombre muerto con gran pérdida de sangre y tan sólo dos pequeñas heridas en el cuello, unida al robo del cuerpo de Drácula, despiertan las sospechas de Van Helsing: ¡Un vampiro anda suelto en Londres! Como el profesor aún está bajo custodia, la labor de encontrar a la criatura recaerá en el dr. Garth, pese a su escepticismo que le despierta la historia del profesor. Sin embargo, cuando aparece una nueva vícima , y tras conocer mejor a la enigmática aristócrata, va comprendiendo lo real de la amenaza.

Argumentalmente, la mayor originalidad es que la vampiresa (la condesa Zaleska, por si no lo habíais deducido) se siente infeliz con su condición de no-muerta, y por ello busca la ayuda del Dr. Garth. Gloria Holden es una actriz interesante, no de una belleza canónica pero sí con bastante clase, un poco al estilo de Greta Garbo. Su relación filial con Drácula se toca muy de pasada, y realmente no queda claro si es una hija-hija (que en cualquier caso debió nacer cuando el conde aún no era un vampiro) o si es sólo una mujer vampirizada por él. La acompaña a todas partes un criado brutote estereotípico, que está loquito porque su ama le dé un mordisco para acompañarla en la vida eterna.

Una cosa curiosa es que el argumento hace el viaje opuesto a la novela: empieza en Londres y acaba en Transilvania, usando decorados de la primera película (o unos casi idénticos). La resolución es bastante más movidita que la del film de Lugosi y Browning, lo cual es de agradecer. En esta película el cine sonoro estaba mucho más asentado que en la primera, y vemos unas interpretaciones mucho más profesionales. Todo el elenco realiza un excelente trabajo, siendo ésta probablemente la mayor fortaleza del film. En este aspecto destaca la relación entre el dr. Garth y su ayudante, Janet, interpretada por la bellísima Marguerite Churchill, un típico romance entre jefe y subordinada en el que ella está coladita por sus huesos y él ni se entera. Ambos actores tienen una química excelente, y Churchill es toda una delicia de ver. Su físico recuerda bastante al de la actriz de nuestros días Katherine Heigl. Otto Kruger, como el Dr., transmite gran serenidad y autoridad, y lleva el peso de la película sin ningún problema. Dos curiosidades sobre este actor: era sobrino nieto del presidente sudafricano Paul Kruger, y falleció justo el día de su 89 cumpleaños, en 1974.

Aunque no puede obviarse su condición de film menor, La hija de Drácula es una agradable sorpresa, con un argumento razonablemente interesante y un magnífico elenco de actores clásicos que nos ofrecen una placentera experiencia cinematográfica. Eso sí, apenas nos ofrece nada en cuanto a reinterpretación y enriquecimiento de la novela original, y el guión se conforma con ser una distraída variante sobre el tema.

Son of Dracula – Robert Siodmark – EEUU, 1943

La siguiente secuela se retrasaría aún más, nada menos que siete años. La acción se traslada al sur de EEUU en los años 30, con sus grandes haciendas y sus criados negros, como Dios manda. La heredera de una de estas haciendas, Katherine Caldwell, ha trabado contacto epistolar en los últimos tiempos con el exótico conde Alucard, de Rumanía, y le ha invitado a América para conocerle en persona. Esto tiene un tanto desconcertada a su familia, toda vez que la moza, está comprometida con su novio de toda la vida, Frank Stanley. Sin embargo, ella le tranquiliza asegurándole que «le querrá eternamente».

El jefe de policia local, que acude a la estación a recibir al conde, se encuentra con la sorpresa de que este no hace acto de presencia, y sólo su equipaje viene en el tren. Esa misma noche se celebra una fiesta celebrada en la mansión de Katherine. Su anciano padre, tras retirarse al dormitorio, recibe la visita del mismísimo Alucard, que entra por la ventana convertido en «murciégalo» y lo mata literalmente de un susto al tomar forma humana. A las pocas horas Alucard se presenta en la puerta de la casa, y sin respetar el luto exigie ver a Katherine, ahora dueña de la hacienda, quien lo recibe con agrado. Desde ese momento los dos empezarán una sospechosa relación.

Poco después el jefe de policía empieza sus pesquisas, alarmado al darse cuenta de que Alucard, escrito al revés, se lee… «¡¡Drácula!!» (¡Tacháaaan!). Así, decide contactar con un erudito rumano experto en temas de ocultismo, quien al escuchar el nombre decide viajar a EEUU para echar una mano, advirtiendo al comisario quetodo el que se relacione con el conde se encuentra en grave riesgo. Este experto es el profesor Laszlo, quien será a todos los efectos el «Van Helsing» de la peli. Entretanto, Frank decide espiar a Katherine y al conde, y acaba descubriendo, desolado, que ambos se han casado y que su ex-prometida no quiere verlo más. De hecho, la pareja anuncia su deseo de que nadie se acerque al domicilio conyugal, especialmente durante las horas del día, pues desean llevar una vida retirada. Poco después empezarán incidentes que inquietarán aún más a la comunidad.

Y esta es la premisa de El hijo de Drácula, cuyo personaje titular está interpretado por Lon Chaney Jr. Resulta muy curioso que el papel que interpretó Bela Lugosi en la primera película estuviera destinado inicialmente a Lon Chaney padre, quien falleció antes de poder interpretarlo. El trabajo de su vástago en esta película es adecuado y se ajusta físicamente al papel, quien luce bigote como el Drácula de la novela. La trama, inscrita en el género de la intriga, es sencilla pero mantiene un razonable interés. El personaje que más simpatías me despierta es el novio, Frank, que aguanta carros y carretas por su chica, la cual por cierto está bastante loca. Los personajes del comisario y el profesor son también agradables de ver. Destacan los efectos especiales, bastante más logrados que en las pelícuals vampíricas anteriores, usando animaciones sencillas pero efectivas, un murciélago más convincente y otros efectos físicos.

Nuevamente no queda clara la relación paterno-filial entre Drácula y este supuesto hijo, peroesto  no tiene mayor importancia. Cualquier vinculación argumenta con la novela de Stoker queda eliminada, excepto una referencia a que el conde original fue eliminado en el siglo XIX. Las características vampíricas del libro sí que se conservan –vulnerabilidad a los crucifijos, etc-, con la excepción de que la luz del sol es capaz de matar a los vampiros, en lugar de simplemente debilitarlos. El director, Robert Siodmark, que disfrutaría de una extensa carrera en Hollywood, firma una historia entretenida aunque menos memorable que la protagonizada por la hija del conde. Pese a esta falta de ambiciones,  la película es una  contribución a la leyenda de Drácula y de los títulos de terror de la Universal.

iCarly

Por Gabusán

Yo con esto de trabajar en traducciones a veces me veo en la tesitura de traducir productos derivados de series de televisión que, en principio, jamás me habrían interesado en lo más mínimo. Pero ya ven, así fue como descubrí Hannah Montana, que en principio me parecía un fenómeno de lo más marciano y acabé yendo a ver la película. Con iCarly me ha pasado algo parecido: me puse a ver un par de episodios “para documentarme” y he acabao que no puedo parar. En realidad es una serie muy tonta, algunos dirían que incluso tontísima, que sigue los mismos esquemas que Hannah Montana para sus personajes: la chica popular protagonista de la serie (Carly), su amiga del alma (Sam), un pringadete que le sirve de amigo-felpudo (Freddie) y una figura autoritaria, en este caso su hermano mayor (Spencer), que le hace las veces de padre. En teoría Carly no es huérfana, pero como si lo fuera, porque a los padres no se les ve el pelo. El hilo conductor de la serie es un web-show protagonizado por Carly y Sam. Se emite todas las semanas y consiste en ver a las dos mozuelas haciendo el idiota delante de una cámara. Lo triste del tema es que dos niñas monas convirtiéndose en estrellas de Internet gracias a que no tienen ningún sentido del ridículo es inquietantemente plausible. La audiencia de la bendita Red es así. El caso es que la serie, que jamás habría llegado a existir de no ser por el inaudito éxito de Hannah Montana, tiene episodios divertidísimos y me lo he pasado bomba viéndola.

Sam – Escuchad, os juro que no es sencillo, pero pronto podréis mentir y no sentir nada.

Sam es un personaje fuera de lo común en una teleserie juvenil como ésta. Recurre fácilmente a la violencia y tiene todas las características propias de una chica problemática de las que acabará enganchada a las drogas y como novia del jefe de una banda de moteros cuando sea mayor. A Freddie lo trae por la calle de la amargura, y lo tortura tanto física como psicológicamente sin ningún tipo de reparo, con la benévola aquiescencia de Carly, que contempla todo este maltrato como algo sin importancia e incluso divertido. Potente mensaje donde los haya para las niñas de todo el mundo: abusar y burlarse de los débiles es algo inconsecuente y divertido. Quizá no puedas ser tan popular como la chica guapa del colegio, pero puedes destacar a base de crueldad y delincuencia de bajo nivel. Brillante.

Freddie – Sí, ¡continúa besando sapos, Carly! Este príncipe puede esperar.

Definido por Sam como “ñoño computacional”, es un personaje que define la juventud amorosa de algunos. Está colado por Carly, ella no le corresponde, pero a él le da igual. Sigue a su lado como un perrito faldero con la esperanza de que algún día la moza deje de verlo como un amigo y pueda convertirse en su novio. Al igual que Sam, Freddie es un personaje con mensaje para las niñas de ahora: tener un moscón enamorado puede ser lo mejor que te puede suceder en la vida. Juega bien tus cartas y tendrás a un esclavo para que te resuelva los problemas con la informática. El mensaje para los chavales es que la perseverancia, el servilismo abyecto y la auto humillación continua es el modo correcto de cortejar a la muchacha que te gusta, especialmente si la susodicha muchacha ya se ha declarado como inalcanzable para ti.

Nevel – (¡Lo enviaste aquí! ¿No es cierto?) Ay, no lo sé. Envío a gente a tantos lugares…

Nevel en realidad no es uno de los personajes principales de la serie, pero es demasiado genial como para no mencionarlo. A sus 11 años dirige un sitio web de éxito que consiste en criticar y evaluar a otros sitios web, un hecho que revela nuevamente lo bien que han entendido los guionistas cómo funciona Internet: un lugar en el que los críos participan en las corrientes de opinión como si fueran adultos. Al igual que Freddie, Nevel está perdidamente enamorado de Carly pero, a diferencia de él, ha optado por el camino opuesto: en vez de bailarle el agua a la niña y reírle las gracias, se propone destruirla a toda costa y acabar con su show. Nevel es absolutamente genial, parece una mezcla del Dr. Maligno y Chiquito de la Calzada. Sus planes más malvados a menudo se ven frustrados porque tiene que someterse a la autoridad de su madre. Cuando sea mayor este chaval llegará lejos, ya lo verán.

Spencer – ¡Mira mi nave!

Es el hermano mayor de Carly, pero vamos, bien podría ser el menor, porque su ausencia de sentido común y falta de madurez resultan alarmante. Incluso su trabajo es ridículo: hacer estatuas de arte moderno con productos cotidianos. El encanto de Spencer es que, siendo un adulto, conserva un espíritu de niño que hace que te caiga simpático a la fuerza.

Carly – ¡Es tan ardiente que podría hornear galletas sobre él!

La superestrella absoluta del programa, Carly es la niña buena y dulce de la que se enamoran todos. Es responsable, tiene buen corazón y ejerce una influencia generalmente positiva en todos los que la rodean. Su presencia salva a la serie de la condena de las asociaciones de padres, ya que se supone que ella es el modelo a imitar, cosa que permite a los guionistas divertirse sin complejos con los otros personajes. Aunque la niña parece un dechado de virtudes, si te paras a analizarla, en realidad es bastante cuestionable: el ansia de fama puede con ella y es una aprovechada. Ella misma se pregunta por qué tolera a Sam, pero toda diva necesita un guardaespaldas y nada mejor para eso que una delincuente juvenil en potencia para esa labor. En cuanto a Freddie, le habría dado la patada hace mucho si no fuese porque lo necesita como realizador para su show. En cierto episodio, incluso perdió a un ligue por su culpa. Seamos sinceros, ¿qué adolescente conservaría a una amistad después de eso? En fin, que la niña pone a su show por encima de todo, sin duda consciente de que es su mejor apuesta para alcanzar el estrellato.

Dicen de iCarly que es la “nueva Hanna Montana”. Yo no acabo de verlo así, porque sin canciones y sin el apoyo de un canal como Disney Channel, no creo que la serie pueda alcanzar su máximo potencial de popularidad. Pero aún así, la serie es estupenda y no puedo dejar de recomendarla. Solo por ver los episodios con Nevel de por medio ya valen la pena. Eso sí, advierto que yo la he visto con el doblaje sudamericano, que es absolutamente épico, especialmente cuando se ponen a adaptar frases o términos en inglés https://apapers.org/ a nuestro idioma. El doblaje para España seguramente le matará la mitad de la gracia.